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Baco sería feliz en Otur
Se podría coger una cogorza por día hasta el fin del mundo, y eso en el caso de que aún quedara otro milenio por llegar. Si el fin del mundo se anticipara en llegar, puede que entonces quedaran más o menos de la mitad de las botellas sin abrir. No serían borracheras vulgares de vino peleón o rebajado, sino que se podría esperar la muerte entre sueños azules y transportado a un mundo mágico y de ensueño al que sólo el buen caldo puede transportar. La bodega de Alvaro García, el de Casa Consuelo de Otur, es una especie de gruta del dios Baco en la que uno se puede embriagar con sólo mirar. Basta con fijarse en las etiquetas para darse cuenta que estamos metidos en las mismas entrañas de la tradición vinícola española.
Una portezuela de hierro forjado da acceso a la bodega que se considera como la más importante de España en manos de un particular. Y ya no es que lo sea por la cantidad de botellas que se guardan con mimo en ella, sino por la selección y calidad, y por la sucesión de cosechas que allí se dan cita. Las hay de la marca que se pida y del año que se quiera. Todo allí es vino tinto, y aunque hay algo de Ribera del Duero, y del Priorato, la inmensa mayoría hace gala a la Rioja, sin duda el gran vino español.
Explica Alvaro García que la bodega la forman 13.800 botellas, una cifra fácil de calcular para él, porque se trata de una colección viva, que se renueva continuamente y que se la cuida a diario para que el vino mantenga siempre la temperatura ideal, ajena a cualquier cambio que se produzca en el exterior y que lo conserve de por vida sin perder ni una sola de sus esencias.
Así se entiende que entre la colección se encuentre un buen lote de botellas del siglo pasado, algunas irrepetibles e imposibles de encontrar en ninguna parte, como es el caso de dos reservas de 1890 de López Heredia, que van acompañadas de una carta de garantía del industrial bodeguero en las que certifica que las botellas corresponden a la primera cosecha que crió y embotelló su abuelo y fundador de la bodega en 1890.
Aunque se trata de algo que se encuentra fuera del mercado, Alvaro García consiguió saber por los expertos que el precio de cada botella podría estimarse en 121.007 pesetas. También de ese mismo año y de los últimos del pasado siglo se pueden ver y tocar, pero no degustar, entre otras, las cosechas de Ribera Alta, de marqués de Riscal o de Bordón.
La bodega es un buen lugar para mirar y embelesarse ante los dos centenares de botellas de Vega Sicilia que Alvaro García no duda a la hora de señalar que es el mejor vino que haya tomado en su vida, con lo cual parece estar de acuerdo con esa fama que se le atribuye al vino vallisoletano. "Desde el año 1917 hasta el momento actual tenemos todas las reservas que sacó Vega Sicilia, aunque hay que tener en cuenta que hay años en blanco, porque tienen la costumbre de no embotellar el año en que la cosecha no resulta excelente". Esa es una de las razones por las que si un "sommelier" tuviera interés en acompañar su comida con una de estas botellas, el precio de cada una superaría las treinta mil pesetas. Pero el interés de Álvaro García por la acreditada marca va mas allá de la tierra castellana y posee igualmente buena cantidad del vino que Vega Sicilia produce en Hungría a base de uva pasa. "De todas formas", explica, "el vino más estimable que tenemos es este L. Ermita que hay al lado y del que también tenemos todo lo que se quiera".;
Otra de las curiosidades de la casa es el departamento destinado a las dedicatorias en el que aparecen con su correspondiente etiqueta las botellas que fueron dedicadas por algún visitante ilustre a la bodega. Así es el caso del Nóbel Severo Ochoa, Isabel Pantoja, Víctor Manuel, Fraga Iribarne, Bebeto, Ramón Mendoza, el grupo «Mecano», el presidente del consejo regulador de La Rioja, por citar sólo algunas de esas dedicatorias dirigidas a ensalzar las cualidades de la bodega, capaz de hacer que uno olvide sus penas durante el resto de sus días.
Pero la bodega es sólo una pequeña parte de 13.800 botellas seleccionadas atendiendo a la marca y al año. Otras 30.000 botellas de Rioja se apilan en el almacén para que los clientes mas exigentes puedan disponer de la reserva y del año que deseen de cada marca, un capricho que allí se verá satisfecho plenamente. Y todavía existe un tercer apartado, el dedicado a botellas de colección, donde se encuentra lo más selecto de La Rioja desde finales de siglo hasta el momento actual, incluyendo las reservas con motivo de los centenarios de las once bodegas de mayor renombre a nivel mundial.
Así es como las mejores marcas están presentes desde el pasado siglo hasta el momento actual, lo que constituye todo un desafío que ya quisieran en algunos casos los propios cosecheros que las lanzaron al mercado.
Aunque Alvaro García reconoce que la colección podría alcanzar los cuarenta millones de pesetas, no parece que las botellas estén destinadas a salir de las paredes sombrías de la bodega, sino que el destino es el canje, pero siempre para aumentar la colección con nuevas adquisiciones. «Precisamente esa es la razón por la que tenemos muchas botellas de cada reserva y marca, porque eso nos permite el intercambio con coleccionistas de toda España», explica el hostelero valdesano, que lleva un catálogo detallado de cada ejemplar de una colección que no parece tener techo y que aumenta todos los días.
"Ahora estamos incorporando vinos franceses y todos los vinos nuevos que están saliendo, incluso argentinos y chilenos, porque queremos que la bodega se convierta no sólo en el santuario del Rioja, sino del mayor número de vinos con solera de cualquier lugar del mundo", remata en el último trago el bodeguero de Otur.
La Nueva España - Jorge Jardón - 22 de Mayo de 1999
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