| Luarca, bautizada por su encanto como la Villa Blanca de la Costa Verde, nació probablemente como refugio de pescadores, por lo que debe al mar su origen y parte de su sustento. De esta forma, el río y el mar no sólo han cincelado el privilegiado paisaje, también han forjado, con el paso de los siglos, la profunda vocación marinera y ribereña que es parte indisoluble de la vida de la villa. |
| El puerto de Luarca era antaño una pequeña ría abierta al mar, donde el río Negro rendía sus aguas al Cantábrico, sin más defensas naturales que el banco de la Llera. |
| A pesar de su tortuosa historia, tienen los eventos festivos en Valdés una destacada significación, a la vez que un carácter peculiar. Si difícil es concebir una explosión de alegría como la que cada 22 de Agosto acontece en la Villa de Luarca, fiesta de San Timoteo; también es difícil encontrar una religiosidad como la que define la Semana Santa luarquesa. Así es Luarca, alegre, bulliciosa y vital, en determinados momentos; recogida, silenciosa y metida en sí misma en otros. |
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